Quiero confesarles algo, yo tuve como madre, a una de las más malas que haya existido. Quienes me conozcan entenderán porque me identifique tan bien con el poema que les comparto a continuación:
“Yo tuve la mama más mala de todo el mundo.
Mientras que los niños no tenían que desayunar, yo tenía que comer cereal, huevos y pan tostado.
Cuando los demás tomaban refrescos gaseosos y dulces para el almuerzo, yo tenía que comer emparedado.
Mi madre siempre insistía en saber donde estábamos. Parecía que estábamos encarcelados. Tenía que saber quienes eran nuestros amigos.
Insistía en que si decíamos que íbamos a tardar una hora, solamente nos tardaríamos una hora.
Me da vergüenza admitirlo, pero hasta tuvo el descaro de romper la ley contra el trabajo de los niños menores. Hizo que laváramos trastes, tendiéramos camas, y aprendiéramos a cocinar y muchas cosas igualmente crueles.
Creo que se quedaba despierta en la noche pensando en las cosas que podría obligarnos a hacer. Siempre insistía en que dijéramos la verdad y solo la verdad.
Para cuando llegamos a la adolescencia ya fue mas sabia, y nuestras vidas se hicieron aun mas miserables, se volvió posesiva.
Nadie podía tocar el claxon para que saliéramos corriendo. Nos avergonzaba hasta el extremo, obligando a nuestros amigos a llegar a la puerta para preguntar por nosotros.
Mi madre fue un completo fracaso. Ninguno de nosotros ha sido arrestado. Cada uno de mis hermanos ha servido a su patria, y “¿A quién debemos culpar de nuestro terrible futuro?” Tienen razón, a nuestra madre.
Vean de todo lo que nos hemos perdido. Nunca hemos podido participar en una demostración y actos violentos y miles de cosas mas que hicieron nuestros amigos.
Ello nos hizo convertirnos en adultos educados y honestos.
Usando esto como ejemplo, estoy tratando de educar a mis hijos de la misma manera.
Verán doy gracias a Dios por haberme dado “La mamá más mala del mundo“.
Autor Anónimo”
Sí, tuve la dicha de tener una madre muy mala, para colmo de males, mi padre era cómplice de su maldad.
¿Porqué se los comparto?
Porque estoy seguro que mi madre, al igual que otras tantas “malas” madres, se sentían culpables de castigarnos, regañarnos o darnos de cuando en cuando una ganada nalgada.
Estoy seguro, hoy, que quizá lloraba por la noche a escondidas, por haber tenido que ser mala, y que se consolaba pensando para si “es por su bien”. Aunque llore y patalee, no cederé, sé que es por su bien.
Quizá habría sido más fácil “dejarnos ser”, voltear para otro lado cuando hacíamos berrinche, dejarnos que corriéramos donde no debíamos, que tomáramos cosas que no eran nuestras, dejar que le pegamos a otros niños y hacerse la que no veía. He visto madres que hacen eso, hacen como que no ven. Vaya, yo que creía que todas regañaban si te portabas mal.
No, no todas las madres son “malas madres”, sí, de esas que controla con la mirada.
Me alegro hoy, de que la mía sí fuera una madre buena, que se hacía fuerte para fingir “ser mala” y regañarnos de cuando en cuando; aunque estoy seguro habría preferido apapacharnos siempre.
Gracias madre, gracias padre, mis éxitos son suyos. Por haber sabido ser un “mal padre” y una “mala madre”.
Si tú como yo tienes tuviste una “mamá mala” dale gracias.
Si tú, como mi madre, tienes que ser mala aunque te duela. Sigue haciéndolo. Hoy más que nunca el mundo necesita de madres así.
¿Te gustó? Compártelo: