“Si tu eres como yo, habrás fallado como hijo…”

Cuando era adolescente le dije una vez a mi papá: “Cuando sea grande, quiero ser como tú.”

Su respuesta me dejó helado: Continuar leyendo ““Si tu eres como yo, habrás fallado como hijo…””

Yo no me acuerdo

Victoria CamposLes comparto esta reflexión que escribí el día de hoy. Especial para hijos que ahora son padres.


“Yo no me acuerdo”

Autor: Vicente Campos

De cuando mis padres despertaban cada 3 horas para darme de comer, yo no me acuerdo.

De cuando trabajaron tiempo extra y dejaron de darse gustos por comprar cosas para mí, yo no me acuerdo.

De cuando pasaron la noche en vela porque estuve enfermo, yo no me acuerdo.

De cuando se llenaban de alegría por cada cosa nueva que hacía, yo no me acuerdo.

Tantos momentos que escapan a la memoria de mi cerebro infantil.

Gracias hija por recordarme todo lo que tus abuelos hicieron por mi.

¿Debe un padre evitarle todo sufrimiento a su hijo?

Hace unos días una prima a quien llamaré Maricela, para no decir Mariely, compartió esta foto:

Y si bien la frase es bella; tiene una falla. Salvo que algo extraordinario le pase al hijo, lo natural es que un día el padre lo deje solo. ¿Qué tan preparado para sobrevivir lo dejará si él evitó todas las trampas?

Y es ahí donde agradezco que mis padres me hayan permitido equivocarme, aprender. Seguro estoy que muchas veces quisieron solucionar las cosas por mi. Debe haber dolido más ver como me iba derechito a “una trampa de ratón” que si la hubieran sufrido en carne propia.

Me acuerdo mucho en una feria, me llamó la atención un grupo de gente amontonada en semicírculo. Me asomé y vi a un señor con 3 cáscaras de nuez y una bolita. “¿Donde quedó la bolita?” decía, “Atínele y se lleva el doble de lo que apueste”.

Puse atención y vi claramente donde la había puesto, seguí cada movimiento con atención  y cuando terminó de mover los recipientes le dije a mi papá: “

– “¡Yo sé donde está!, ¡Chin, si tuviera dinero le apostaba!”
– “¿Ah, sí? ¿En donde está?”
– “En el de la izquierda” dije yo.
– “200 pesos al de la izquierda” dijo él y colocó el billete en la mesa.

Yo me quedé helado. 200 pesos era un dineral para la edad que tenía yo. Pero yo había puesto mucha atención. Seguro ganaríamos, le pediría que al menos me diera la mitad de la ganancia… Supongo ya adivinaron el desenlace. La cáscara de nuez en que yo estaba seguro estaría la bolita, estaba vacía. Me sentí terrible.

– “Papá, disculpa, estaba seguro que ahí estaba. Si quieres descuéntamelo de lo que me das para gastar en la escuela.” Dije apenado.
– “No hace falta, yo sabía que lo iba a perder, a eso se dedican los señores, a hacerte creer que puedes ganar dinero fácil. Si con esto te enseño a no apostar, habrá sido dinero muy bien invertido.”
– “Sí, sí” dije presurosamente con una mezcla de pena y alivio.

Él me lo pudo haber dicho sin apostar nada, pero dudo muchísimo que le hubiera creído. Me habría molestado por la falta de confianza que me habría mostrado: Yo puse mucha atención y sabía donde estaba, estaba seguro. A veces, necesitamos quemarnos con el comal para aprender a checar antes si está caliente.

Creo que la imagen del “padre e hijo ratón” ideal es aquella en la que el padre trae las trampas más grandes y el ratoncito algunas trampitas en su propia cola.