Cópiame lo bueno; no lo malo.

Mamá e hijo

Cópiame lo bueno; no lo malo

Hoy les compartiré una anécdota muy personal.

Cuento con la dicha de tener padres que admiro y respeto. Ambos practican el mejor de los métodos de enseñanza: El ejemplo.

Dicho lo anterior, cuando me portaba mal, eran pocas las veces que yo podía alegar en mi defensa: “Pero tú también lo haces”.

Para esas raras veces, mi madre respondía: “Sí, pero cópiame lo bueno; no lo malo”.

¿Porqué les comparto esto?

Porque es verdad, a veces nos resulta más fácil copiar y ver en los otros lo malo, más que lo bueno.

Procuro tomar la frase “Cópiame lo bueno; no lo malo” como una filosofía de vida.

Cuando una persona nos desagrada por algún motivo, nos cegamos -y nos privamos- para ver las virtudes que sí la persona tiene:

– Quizá esa persona que es muy presumida, tiene buen gusto al vestir.
– De aquél que es flojo podríamos aprender a hacer lo mismo de manera más sencilla.
– Tal vez el político que no te agrada es excelente para hablar en público.
– Etcétera.

La próxima vez que veas, escuches o te encuentres con alguien has el ejercicio, ¿Qué hace él o ella bien, que yo le pueda aprender?

Y siempre, siempre: Copia lo bueno; no lo malo.

(Dedicado con mucho cariño para mi madre, a quien además de la vida, le debo -junto con mi padre- mucho de lo que soy.)

Autor: Vicente Campos - Conferencista

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5 opiniones en “Cópiame lo bueno; no lo malo.”

    1. Muchas gracias Rubén y gracias por tomarte el tiempo de comentar. Es como me doy cuenta de que no he escrito en vano y que hay quien me lee jeje. Muchas gracias.

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