Desaparece tus preocupaciones

Desaparece tus preocupaciones

Natalia está preocupada. Mañana será su examen final de matemáticas. No se siente lista. Seguramente reprobará, y entonces sus papás la regañarán. Le impedirán ir a esa fiesta que desea…

 ¿Alguna vez te has sentido así? ¿Te has sentido abrumado por un problema, pensando las consecuencias que te podría generar?

 A mi también. Alguien me dijo una vez una frase que me dejó pensando en ello:

La mayoría de las veces sufrimos más por lo que creemos va a pasar, que por lo que en verdad nos pasa.

Y es verdad, como en el ejemplo de “Natalia”, dejamos volar nuestra mente, y sufrimos una y otra vez por situaciones que aún no han pasado. En su mente, ella ya sufrió el nerviosismo del examen, ya experimentó la frustración de reprobarlo, el miedo de contarle a sus papás, una regañada épica y la tristeza de no poder ir a la fiesta. Y no una, sino varias veces.

“La ocupación desplaza a la preocupación y los problemas, al enfrentarlos, desaparecen” Carlos Slim

Generalmente por preocuparnos no nos ocupamos.

Siguiendo el ejemplo, Natalia estaría tan preocupada que no se concentra en el estudio. Si pensara de forma clara recordaría que tiene una compañera que es muy buena con las matemáticas y seguro la ayudaría si se lo pide.

Como dice Carlos Slim la ocupación hace a un lado a la preocupación. Es casi mágico, cuando finalmente decides hacer frente a aquello que has estado rehusando enfrentar, te das cuenta que era mucho más fácil de lo que te imaginabas. Es casi como si con solo hacerles frente, el problema desapareciera.

Si tiene solución, ¿Para que preocuparse?; si no tiene solución, ¿Para qué preocuparse? Proverbio Japonés

 Parte del problema, es que al estar preocupados no pensamos claramente. El proverbio japonés arriba citado es útil en esos momentos de desesperación. Y es que es verdad:

Si tiene solución, no hay porque preocuparse; lo que hay que hacer es ocuparse y trabajar en la solución.

Si no tiene solución, entonces tampoco hay de que preocuparse, hay que entender que no está en nuestras manos cambiarlo, y ocupar nuestra mente y esfuerzos en aquello que sí podamos solucionar.

Cuando te encuentres ante un problema, recuerda:

Si no tiene solución, ¿Para qué preocuparse?; Si tiene solución, ¿Para qué preocuparse? Es mejor ocuparse.

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