El genio de la lámpara

Hace unos años me contaron un chiste, un tanto cruel, de un hombre que iba caminando por el desierto y se topó con una lámpara. Pensando que podría ser una lámpara mágica la frotó y para su sorpresa, afirmativamente, salió un genio. 

“Te voy a conceder 3 deseos.” -dijo el genio-.
– El hombre había sufrido un accidente años atrás, y a consecuencia de ello su mano izquierda estaba inmóvil. Así que no dudó en cuál sería su primer deseo: “Quiero tener las 2 manos iguales.”
– “Concedido” – dijo el genio-. Hizo unos movimientos mágicos y transformó la mano derecha en otra mano izquierda, igualmente inmóvil. 
– “¡¿Pero qué hiciste?!” -reclamó el hombre.
– “Lo que me pediste” – contestó el genio.
“No, las quiero al revés”
– “Concedido” – dijo nuevamente el genio y puso ambas manos con las palmas para arriba. 
– “¡Así no! ¡Tonto!” – Reclamó el hombre.
– “Concedido” dijo el genio, dejándolo tonto. 

¿A qué voy con este chiste?

Nuestro cerebro es como el genio que concede los deseos que le piden en base a lo que nos decimos. Sin distinguir si es lo que queremos o no.

Así cuando cometemos un pequeño error y lo maximizamos diciendo: “Pero que tonto soy, ¿Cómo no me di cuenta?” Nuestro inconsciente lo registra y dice: Concedido.

Poco a poco nos vamos programando y programando a la gente a nuestro alrededor. Un “no seas tonto hijo” por muy bien intencionado manda una señal al inconsciente diciéndole: Eres tonto.

Como dice Gaby Vargas en su artículo “Cuidado con lo que afirmases mejor usar una expresión como: “A veces me manifiesto distraído”. 

El objetivo es tomar consciencia de que todo lo que decimos y pensamos, lo está escuchando nuestro inconsciente.

Les iba a compartir algo más, pero no recuerdo qué… ¡Que raro, yo tengo excelente memoria! Seguramente me acordaré más tarde.

Actualización: Les comparto honrado la recomendación que Gaby Vargas hizo a este artículo:

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