Diferencia de Opiniones

Hace unos meses estuve en la ciudad de Saltillo Coahuila, ahí mi amiga Yessi, para no decir Yaqui, al ver que mi esposa y yo estábamos ocupados se ofreció en ordenar comida para nosotros.

Siendo mi amiga vegetariana, supuse ordenaría algo delicioso, pero sin carne. Y sí, ella pidió una pizza chica sin pepperoni, pero solo para ella. Para nosotros pidió un platillo no vegetariano.

Fue un gesto que a la fecha recuerdo. A pesar de su convicción plena a favor del vegetarianismo; ella respetó nuestro gusto por la carne.

¿A qué voy con esto?

Cada vez me llama más la atención la falta de tolerancia y respeto a diferentes formas de pensar.

A veces estamos tan convencidos de que tal o cual cosa es mejor, que queremos imponer en los otros nuestra convicción. Y la verdad es que son muy pocas las veces que una forma de pensar es totalmente equivocada.

A veces nos pasa como en la historia de los ciegos y el elefante

Quizá ya hayas escuchado esa historia, en la que a varios hombres, ciegos de nacimiento, se les pide toquen a un elefante y luego lo describan.

Va el primero y toca una de sus patas; va el segundo y toca su trompa; y así cada uno da siente una sección diferente del elefante.

Cuando compartían sus experiencias comenzaron a discutir. El primero decía que un elefante era como un tronco; el otro que, sin lugar a dudas, el elefante era como una serpiente; cada uno defendía como única verdad su percepción del elefante.

Cuando respetamos y buscamos entender al otro, nos formamos una imagen más completa de la realidad.

Se dice que nunca se debe hablar de política ni de religión -con alguien que tenga una opinión diferente a la nuestra- o se terminará discutiendo.

Cuando nos damos cuenta que nadie tenemos la verdad absoluta, la expresión “diferencia de opiniones” se vuelve sinónimo de aprendizaje mutuo y no de conflicto.

El mundo sería un lugar mejor si hiciéramos lo que mi amiga “Yessi”: Respetar las preferencias de los otros, tanto como deseamos se respeten las nuestras.